viernes, 20 de febrero de 2015

El rol de la mujer en la historia y contradicciones del progreso.


Hola, hacía tiempo que quería escribir este artículo basado en el libro de Marilyn Yalom Historia de la esposa y también por reflexiones como cualquier ser pensante puede tener.

He dado muchos consejos de cómo escribir histórica, ese género apasionante dentro de la romántica y lo hice desde mi perspectiva aconsejándoles que siempre fueran a las fuentes, investigaran para que la historia fuera verosímil y también los lectores disfrutaran de la buena ambientación.
Pero hoy me he atacado con otro tema.
La mujer en la historia.
Para entender nuestra evolución y también valorar las libertades de elección en cuanto a estudio, pareja, y demás es necesario hacer un repaso que les advierto será breve.
Hace años leí un libro que me cambió la cabeza como decimos aquí, pues como estudiosa de la historia siempre eché en falta más  información de la vida de las mujeres, sus pensamientos, costumbres y demás en todos los libros técnicos que leía. Llámese técnico a libros de historia, escrito por hombres y por mujeres de nuestro tiempo pero que carecen de documentación, de testimonios escritos por las mujeres.
No es lo mismo que una mujer dé su testimonio a que un cura del Medioevo lo haga en sus célebres crónicas, que fueron muy valiosas para conocer cómo se vivía en esos tiempos, las plagas enfermedades y todo lo más relevante de una era lejana.
Luego de leer el libro de Historia de la Esposa de Marilyn Yalom he sacado algunas conclusiones que deseo compartir con ustedes.
Primero que hay mucha fantasía en la historia y esto no es poca cosa. A las novelistas se nos tilda de eso, se espera que una disciplina tan seria como esta no cometa fallo, sea rigurosa y documentada...
Ahora ¿cómo puede ser tan fiel a la realidad en ciertos aspectos cuando los propios reyes tenían sus cronistas que daban testimonio de lo que ellos deseaban?
¿Cómo se puede afirmar ciertas cosas si las mujeres no sabían leer ni escribir y nadie oía sus voces?
Unas pocas escribían sus memorias en el Medioevo y cambiaban la historia, pero la voz de otras mujeres era ahogada por la misoginia de la Iglesia.
Mujer pecadora, necesaria la procreación por aquello de procread y multiplicaos, pero siempre despreciada y acusada de instigar al pecado. Eva y la manzana y muchos otros ejemplos, en realidad señalo la religión católica porque fui criada en esa religión, pero sé que habrá otras que también señalen a la mujer como la mala de la película.
Depreciada, reprimida y desvalorizada a lo largo de todas las épocas, habiendo sin embargo escrito su propia historia, y habiendo siempre sido tan necesaria para lo que decía el señor: la continuidad de la especie y mucho más. Porque la mujer no solo criaba a los hijos, cuidaba de su marido y de toda la gente enferma, era capaz de inmolarse y convertirse en esa tía solterona vista con malos ojos en la era victoriana pero que siempre era el hombro, la ayuda a una familia numerosa.
Cuidando enfermos porque cuando las pestes diezmaban Europa o las constantes guerras no había hombres que ejercieran su oficio, curandera, doctora, sangradora y también trabajando a la par del hombre en las ciudades medievales, gozando así de una libertad que no logró recuperar hasta el siglo XX, y entrado el siglo XX cuando la lucha por el voto y el derecho a recibir una mejor paga hizo encarnizada la lucha de las primeras feministas.
Fue una larga lucha y aún continúa. Seguimos siendo peor remuneradas que los hombres y ellos detentan el poder económico pero por extraño que parezca: ellos tendrán mejor remuneración pero son quienes menos se divorcian. Nos necesitan. Un hombre sin mujer es un paria, es como un perro abandonado: sin rumbo.  Pero son detalles. No es mi intención polemizar, ellos saben que es así, sin embargo también he de señalar como muchos habrán notado: que el modelo de familia tradicional ha sufrido y sufre una gran crisis.
Menos matrimonios y más divorcios. Hombres poco colaboradores a la hora de repartir las tareas del hogar o la crianza de los niños sin embargo no es la única causa. Hoy día los hombres se involucran más que antes, mi ex suegra dijo una vez "mi marido nunca le dio un biberón a mi hijo ni cambió un pañal”, y sé que hoy día eso ha cambiado. Vemos a hombres llevando a sus hijos, y en ocasiones criándolos solos.
No siempre por supuesto. Pero sé que hay más conciencia de que la mujer está sobrecargada hoy día: trabajo, estudio, familia y por más que seamos poli funcionales o pretendamos hacer muchas cosas a la vez, eso no quita que necesitemos ayuda. Ayuda y apoyo porque el matrimonio o la unión libre exige responsabilidades y mucho trabajo.
En mi opinión la sociedad ha  evolucionado y seguirá evolucionando.
Hoy día el ser humano lucha por progresar, por alcanzar un mejor nivel de vida, digno y también luchará por ser feliz.
Pero las relaciones humanas han sido y son complicadas, el relacionarse con el otro necesita garantías, leyes, códigos, y las relaciones de pareja con complejas y el amor no es eterno. Pero mientras dure hay que disfrutarlo, ¡vivirlo!
Y a modo de reflexión quiero señalar una contradicción del progreso, habrá montones por supuesto, un retroceso a la barbarie: la violencia de género o violencia doméstica.
Mujeres maltratadas, despreciadas, agredidas y en ocasiones muertas en manos de sus maridos.
¿Hacia eso hemos evolucionados? ¿Fabricando violencia, fabricando seres violentos?
La violencia y el maltrato abarca las minorías y también a los niños que son víctimas de padres violentos y digo padres porque también hay madres violentas que los golpean y maltratan.
¿Había tanta violencia en el siglo XIX o en otras épocas?
Un sociólogo del siglo XX de mi país asegura que la violencia siempre ha existido y comparto esa opinión, si viajamos un poco en el tiempo veremos guerras y también las más crueles ejecuciones exhibidas en la plaza pública para diversión de los simples. Atrocidades cometidas por reyes, asesinatos de hijos, sobrinos por una corona y toda una gama de crímenes que habrían ruborizado al psicópata de hoy día por reinos y por mucho menos que nos provocarían horror.
Pero lo interesante que señala el sociólogo es "lo que ha cambiado es la percepción de nuestro cuerpo, de sus cuidados, el cuerpo pasa a ser algo sagrado, inviolable y por tanto nos horroriza la violencia y la crueldad. Somos más conscientes de que eso está mal. Lo que ha cambiado es nuestra propia sensibilidad ante la barbarie y sin embargo, la violencia no ha sido extirpada. Ni la religión, ni la moral, ni las creencias han podido luchar contra ella ni contra todos los males de este mundo.
¿Hace falta conciencia social para erradicar la violencia?
¿Por qué una mujer que trabaja, cría a sus hijos y hace mil cosas para sacar adelante a su familia y no solo se hace responsable de sus hijos sino de sus padres, algún tío enfermo, por qué esta mujer debe ser tan desvalorizada no solo por su marido, sus hijos y la sociedad entera? ¿Es necesario que sigan muriendo mujeres, que haya más mártires para que las autoridades tomen conciencia?
En mi país Uruguay, se ha creado la tobillera electrónica para rastrear a los agresores y también a las víctimas pero solo se aplica en los casos de más violencia. También hay líneas para denunciar maltrato de forma anónima, pero sé que en América Latina la violencia doméstica hace estragos y en ciertos países es: sálvese quién pueda, si te toca un marido violento: ¡fuiste!
Lo más triste es que la expresión fuiste, defiéndote como puedas significa que la familia no se involucra, las autoridades menos y al final el desenlace es la muerte.
Las denuncias por violencia y maltrato son cada vez más frecuentes en mi país, que fue uno de los primeros en la región en darles el voto a la mujer y defender su derecho con ese gran hombre y político que fue José Batlle y Ordóñez. Bajo el lema: seremos un paisito pero tendremos leyes adelantaditas llenó al Uruguay de modernidad. La ley del divorcio a comienzos de siglo, la ley de las ocho horas entre otras. Uruguay se convirtió en ejemplo de progreso pero entonces moraba la era victoriana, aquí, por supuesto y en todas partes y las mujeres comenzaron a divorciarse.
Hoy son la que denuncia violencia psicólogica (el mayor porcentaje) o violencia ambiental que es desprecio, maltrato, y abuso.
Hemos retrocedido y es una pena, pero al menos ahora en el Uruguay hay lugares para denunciar y la policía se lleva al agresor, el juez dicta sentencia, antes ni siquiera tomaban el llamado. Queda mucho por hacer pero vamos en camino. Hay colectivos de mujeres que se han unido para luchar contra este flagelo social llamado Colectivo mujeres de negro y otros grupos en el interior del país en la labor de luchar, hablar con las autoridades y realizar movidas para concientizar a la gente.
Dicen que la sociedad es machista, es verdad.
Dicen que la culpa la tienen las novelas románticas por imponer modelos de hombres protectores, controladores y violentos, y hasta lograr que estos modelos sean erotizantes y deseables...
Pues amigos míos: la literatura es una rama del arte que refleja los valores de una sociedad tonta y decadente, no inventa nada, ni tampoco impone modelos.
Yo puede escribir una novela dónde él es el marido perfecto y ella también una mujer admirable, valiente fuerte con todas las cualidades con la cuál podríamos identificarnos pero...
¿Qué tiene de divertido un planteamiento así?
No para una novela de ficción por cierto.
En una novela hay conflictos, peleas, sexo, y estereotipos de macho dominante.
Pero que no pretendan encajar el muerto a la literatura.
Que esto viene pasando desde siempre, desde que una escritora provocó el boom 50 sombras.
Entonces la violencia está en mejorar la educación, un hombre sin educación es un bruto y un violento.
Otra falacia.
La educación es vital, la educación te da todo en esta vida: te consigue un mejor trabajo y también mejor las relaciones interpersonales de las personas. Pero no es la única arma para vencer la violencia, porque hay tipos muy cultos que también maltratan a sus mujeres. Porque el perfil del maltratador es un loco que se cree que él está bien y el mundo entero está equivocado y que ser macho es dominar, someter y maltratar al más débil.
Un modelo antiguo, tan viejo como el diablo.
Habría que abrir las cabezas de estos hombres, hacerles un par de electroshocks y probar a ver si logran ver a la mujer como una igual, no como un ser inferior. Porque ese es el meollo del asunto.
Y esto no es una pallada, he estudiado el tema y hablado con psicólogas sobre la violencia de género.
Desde siempre el ser humano ha atacado a aquellos que considera inferiores: ya lo hacía el Homo Sapiens con el Neardental, aunque al parecer esa teoría es discutible por nuevos estudios científicos. Hoy día los niños discriminan y hasta hacen bulling  cuando ven a otros niños que no son como ellos, que sufren una discapacidad aparente o profunda.
Pero somos los padres quiénes debemos hablar con esos niños, con nuestros hijos sobre la tolerancia y de que en este mundo hombres y mujeres tenemos los mismos derechos y somos iguales ante la ley.
Sé que esto no es así, que hay más desigualdades que solo de género y por último quiero señalar por qué leer el libro de Marilyn Yalom me cambió la cabeza.
Creo que desgraciadamente las mujeres no somos conscientes de nuestro valor, de lo necesaria que fuimos siempre a lo largo de la historia no solo como objetos reproductores por favor, sino en la crianza y cuidado de los niños, pero no quiero simplificar diciendo que somos necesarias para la no extinción de la especie, eso sería decir poco, fuimos y somos valiosas porque somos el alma de una casa, la que percibe cosas que los hombres no logran detectar por nuestro quinto sentido, las que saben cuándo su hijo está enfermo, la que puede hacer mil cosas a la vez, la que trabaja y ha escrito la historia, cambió la historia y solo hace menos de un siglo que puede votar, estudiar, trabajar y hacer lo que le plazca...
Pero no ha escapado al dominio masculino porque la sociedad la hizo el hombre, no la mujer.
Y en ciertos lugares las mujeres ni siquiera tienen derecho a la vida porque son abandonadas por su condición, no llegan a la edad adulta como ocurre en algunas regiones de la India, y también sufre mutilaciones y otros horrores que todas conocemos o deberíamos conocer.
La lucha por nuestros derechos en occidente continúa, en otros lugares ni siquiera ha comenzado.
Pero tomar conciencia de nuestro propio valor a lo largo de la historia de la humanidad sería un buen comienzo y tratar de pensar como mujeres, no como ellos los hombres deseen que pensemos.
Tomar conciencia es la clave, no solo las mujeres de su propio valor sino la sociedad entera. Por un mundo sin violencia y más justo. No es una utopía.

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