lunes, 17 de febrero de 2014

Sombras del pasado

Sombras del Pasado.
Mi nueva entrega de la saga Regencia Oscura. Novelas de Regencia con toques sobrenaturales. Tres historias góticas independientes: Niebla en Warwick, El demonio de Saint James y ahora Sombras del Pasado.

La historia de un amor que vence el tiempo.
La historia de una joven en busca de su felicidad.
Y esas sombras de un pasado que desconoce.
Ambientada en Devon en el siglo XIX.

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Extracto
Cuando Deirdre vio la habitación fría y vacía se estremeció. ¿Acaso debería dormir sola en ella?
—Dejaré una vela encendida si desea una gruesa—dijo Lawrence como si leyera sus pensamientos mientras la depositaba en la cama.
Ella lo miró con una expresión tan desesperada que él demoró en marcharse.
—No tema, no hay fantasmas y nadie la molestará—le aseguró.
Deirdre no dejaba de mirarlo como si quisiera pedirle que se quedara un poco más y no se atreviera. No era correcto y lo sabía pero es que ese lugar se parecía tanto al de sus pesadillas…
—Estaré en la habitación de al lado, pero no se asuste, y cúbrase con la manta, hace mucho frío en la madrugada—insistió él y finalmente se marchó.
La joven se desvistió lentamente y se quedó con un vestido ligero lamentando no tener  un camisón para cambiarse. Estaba algo asustada de la aventura y sus consecuencias, temía que sir Edward hubiera seguido su rastro y apareciera de repente… Sabía que era imposible pero cuando llegaba la noche los miedos solían multiplicarse en su mente y a pesar de haberse fugado por amor se sentía un poco atormentada por la culpa.  Y ese castillo…
Se cubrió con la manta para no ver la vela proyectada en los muebles que tanto la asustaban. No debía pensar en fantasmas.
Sir Lawrence estaba demasiado exhausto para dormirse y permaneció acostado, dando vueltas de un lugar a otro, incómodo. No hacía más que pensar en la damisela que lo miraba asustada, como una niñita tímida que acababa de cometer una travesura y se arrepentía. Le había pedido que la llevara de regreso a su casa. ¿Estaría arrepentida de haberse fugado con él? ¿O sólo había sido un impulso de jovencita, demasiado verde para enfrentar las consecuencias de la fuga?
 De pronto deseó deslizarse a su cuarto y verla dormida. El antiguo demonio libertino, escondido en su alma, lo impulsaba a hacer esa pequeña fechoría.
Aguardó un momento a que todo se calmara; pues no deseaba asustarla, y luego saltó de la cama y fue a visitar a su prometida.
La encontró profundamente dormida con un vestido ligero que marcaba su silueta femenina y seductora. Al parecer no se había tapado, o tal vez se destapó… Cubrió su cuerpo despacio con la manta y se acercó para oler el perfume de su piel. Ansiaba besar sus labios llenos, despertarla con caricias y hacerla suya esa noche… Pero no podía, estaba dormida y había dado su palabra de que no le haría daño.
Mejor sería alejarse para evitar tentaciones.