viernes, 13 de julio de 2012

Costumbres de otros tiempos



Hola, hoy les voy a hablar de la vida de una dama en el siglo XIX haciendo una pequeña sintesis de los usos y costumbres de la buena sociedad de antaño. Utilizando como fuentes libros de historia, entre ellos el que tanto  he mencionado aquí, la vida privada en el transcurso de los siglos XVIII y XIX.

Un poco de historia
Nace una niña en el seno de una familia pudiente, la misma es confinada a la nursery, habitaciones alejadas de sus progenitores, comandada por una nodriza, ama de leche, quien cuida amamante y vigila celosamente a su retoño. Pues las damas de antes no solían amamantar, costumbre que solo empleaban la clase pobre. Aunque había excepciones por supuesto...
Nacían niños con frecuencia y pocos llegaban a sobrevivir en esos tiempos donde el cólera, la tuberculosis y un montón de enfermedades hacían estragos entre la gente menuda.
No existía el antibiótico y como anécdota les contaré que a mi país Uruguay recién llegó en el año 1952 la famosa y exitosa penicilina y un grande Ruben Rada cantautor contaba en una entrevista que siendo un niño de dos años enfermó de tuberculosis por las malas condiciones en que vivía con su familia. Que estuvo internado en un hospital público especializado en el tratamiento de la enfermedad y que debió esperar un año para curarse definitivamente pues el famoso anitibiótico que usamos hoy cuando sufrimos infecciones de garganta no había llegado a mi país. Así que se imaginarán, las bacterías hacían estragos entonces, no solo la tuberculosis (padecida principalmente por la gente pobre) sino la viruela, meningitis, encefalitis y un montón de plagas que padecían los niños. Por eso se los bautiza rápidamente días después de nacido por esa creencia de que los niños no bautizados iban al limbo si no recibían ese importante sacramento y morían poco después de su nacimiento.

Pero digamos que nuestra pequeña logró sobrevivir a las 7 plagas de Egipto porque como mujercita que era era fuerte desde el inicio, lista para luchar y soportar lo que fuera en estea vida injusta.
Pasa su infancia jugando con muñecas de trapo, con sus hermanos pequeños, educada rígidamente y luego recibe clases en su casa de campo por una institutriz, hasta que su madre que era muy sonob escucha algo de un internado suizo para señoritas... Donde se les enseñaba modales, cultura general y se las preparaba para su debut en sociedad...
Los internados sin embargo se hicieron más comunes durante el transcurso del siglo XIX. Hay algunas novelas de la querida Victoria Holt que mencionan esa experiencia "La luna del cazador"  por ejemplo.
Y en ella muestra porque esta escritora escribía cinco horas diarias y dedicaba otro tanto a estudiar historia, cómo eran los internados de entonces, donde no se les exigía demasiada inteligencia o conocimiento sino que eran lugar para sociabilizar que tenían las clases altas de entonces.

El internado para  modales queda atrás y nuestra joven educada regresa a Paris, a Londres, o a la ciudad que prefieran junto a su familia. Se la prepara para pescar un marido adecuado porque en ello han trabajado siempre todas las madres desde que el mundo es mundo como dijo una vez una escritora norteamericana Brenda Jagger.
El matrimonio es un asunto serio y no solo la madre se esmera en esta noble tarea, su padre, sus tíos, y hasta una casamentera tía solterona de intachable reputación, bien relacionada... Toda ayuda es poca.
También al muchacho le preparan para este momento, aunque los hombres suelen tener más libertad de elección, se busca siempre unir fortunas, abolengos pues el matrimonio es un asunto de vital importancia que no debe ser tomado a la ligera.
Al márgen quedan las fugas románticas, jóvenes seducidas por cazadotes, o enamorados que se enfrentan a la oposición familiar y huyen del país o de la ciudad. Estas escapadas comienzan en el romanticismo (finales del siglo XVIII) y creo que toda familia que se precie de importante tiene algún episodio de esta especie en su historia familiar.
Pero este desliz es convenientemente tapado, enterrado junto a otras anomalías escandalosas. Una hija con la temible tara hereditaria por ejemplo, quizás producto de algún casamiento entre primos, podía llegar a arruinar el matrimonio más brillante de su hermano, hermana.
Un desliz amoroso y la reputación de la joven quedaba arruinada, y esto no es un simple argumento muy usada por nuestra Amanda Quick en sus novelas de los noventas, es una realidad.
Escasa dote, escasa belleza, una parienta loca, reputación arruinada y si estas cosas no hacen que la pobre Annie se quede solterona para siempre, todavía falta lo mejor: es que la pobre es muy menuda, y enfermiza. No había nada que espantara tanto a los hombres como atarse a una esposa debilucha que solo le daría hijos débiles, enclenques.

Si Annie no tenía ninguna de estas pestes, y era bonita y rica, entonces era seguro que entre los 18, 19 o 20  y poco se casara con un caballero de buena familia.
Usaría un vestido blanco como símbolo de pureza, flores de azahar y hasta haría un viaje de luna de miel si se casaba después de 1850 aproximadamente.
Luego de una noche de bodas sin penas ni gloria a pesar de que muchas otras heroínas de la literatura la pasaron "bomba" se convertiría en señora y asumiría sus obligaciones como tal...
Y nada de pasar trabajos. La dama de esos tiempos tocaba el piano, cantaba si tenía buena voz, leía poesía y novelas, se reunía con sus amigas selectas formando una liga dedicada a la beneficencia y controlaría muy lánguidamente a la servidumbre. Pues para eso estaba la temible ama de llaves, con su andar recio y tintineante...

Llevaría dos vestidos distintos o más en el día, el primero para usar de mañana, otro para salir, y uno muy especial para la noche por si había invitados a cenar. La cena era siempre un momento muy especial que reunía no solo a la familia sino también a los amigos y allegados.
Annie asistiría a fiestas y una vez a la semana recibiría en su propia casa. Una velada musical, reunión de artistas, amigas casadas, militares (muy apreciados en Francia)...
Hasta que su estado la obligaría a recluírse.
Cuenta la escritora Brenda Jagger que en Estados Unidos durante el siglo XIX, nadie mencionaba estar encinta, era de mal gusto y que para la protagonista de su novela era una mala noticia su preñez pues cuando esta fuera notoria debería quedarse en su casa a esperar que naciera su hijo y que eso la confinaba en su casa, apartada de toda vida social.
Luego llegaban los niños, y eran severamente apartados de las reuniones sociales, ni siquiera formaban parte de las comidas sino que permanencias en las habitaciones apartadas.
Annie se dedica con ahínco a la beneficencia y se convierte en una estupenda anfitriona, ser invitado a sus reuniones es todo un honor.  Se sirve té y bocadillos, el té era una bebida cara y muy fina, el café y el chocolate importado de América no fue de uso frecuente hasta finales del siglo XIX.
 Sin embargo esos ancestros conversaban, compartían ideas, no tenían prisa ni estrés. La sociabilidad era muy importante, se casaban entre familias y entre familias había largas amistades o enemistades.
Al márgen quedaban los célibes, homosexuales (quienes se atrevieran a confesarlo por supuesto) los locos o las personas de mala vida, excluidos de ese cuadro con matices pero perfectamente acomodado a la sociedad de entonces



10 comentarios:

  1. Camila
    Eres una genia. Gracias.
    Una vez más nos demuestras tus muchos conocimientos de historia que serán muy útiles en nuestras novelas.
    Leyéndo aquello de que era de mal gusto nombrar el embarazo de una mujer, recordé algo que me contó mi mamá. Cuando ella tenía más o menos 6 años, ella notó que una de sus tías estaba embarazada. Ella entonces lo comentó con sus primos y hermanos (porque mi mamá siempre ha sido la más lista de todos) y cuando uno de ellos se lo contó a mi abuela... pobre mi mamá, le dijeron que nunca debía nombrar el estado de embarazo de una mujer, que de esas cosas no se hablaba y menos con los niños, la regañaron mucho y la castigaron. Parece ser que el pasado no está tan atrás como se cree...
    Un abrazo y de nuevo gracias.

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  2. Como simpre Camilas tus entradas son muy educativas y esclarecedoras. Gracias.

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  3. Gracias mary por tus palabras sos un sol, gracias isabel, ojalá mis entradas sean útiles para todos los que quieren saber cómo vivíamos antes y también por supuesto para las que desean escribir romántica histórica.Besos
    Camila

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  4. Respuestas
    1. Gracias Lourdes, encantada de tenerte en mi blog curioseando, besos

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  5. ¡Hola socia! Vine a parar a tu blog por la campaña de un club más unido, por El Club de las escritoras. Espero hacerme un tiempito para leer alguno de tus relatos ^^ y como estoy pasando rápidito, sólo te dejo mi blog por si te interesa verlo, y tal vez encuentres algo que te guste: http://www.un-gemelo-en-cada-mano.blogspot.com También te invito a que lo sigas, ja ja ja. Saludos.

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  6. Hola Paola, encantada de tu visita y gracias por tus amables palabras, ya fui por tu blog y me sumé saludos a las otras socias del club de escritoras, besos!!!

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  7. A pesar de todas las dificultades que padecían tanto ricos como pobres en aquellas épocas, como bien dices, tenían en cambio la dicha de vivir sin prisas ni apuros. Creo que me hubiera gustado participar alguna vez de esas veladas.

    Saludos.

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    1. A mí también Martín, me encantaría poder celebrar una de esas tertulias en estos tiempos. Parece una utopía pero simplemente podria ser una reunión de amigos para charlar y compartir algo de historia, literatura mientras alguien toca el violín o el piano... No parece tan imposible.
      Gracias por leer mi post.

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  8. Maravillosa recreación de la vida de esos siglos. Se nota que sabes de mucho del tema. Tus entradas son muy esclarecedoras y útiles.
    Me han encantado los cuadros!!!
    Un beso!!

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